Textos y Contextos

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El libro de la imaginación

A todos nos ha sucedido que buscamos aproximarnos a un autor o a un determinado libro. Solemos buscar en las librerías los textos que nos han recomendado nuestros amigos, nuestros familiares o, incluso, aquellos de los que hemos oído hablar en algunos programas de radio o televisión. 

Solemos, pues, tener una idea vaga de lo que buscamos a manera de próxima lectura. Sin embargo, creo que también a todos nos ha ocurrido que queremos aproximarnos a una obra completamente nueva, de la que en realidad no sepamos absolutamente nada.

Encontramos también delicioso el ejercicio de curiosear un texto que no nos pasaba ni por la mente. A veces, caminando por una de nuestras librerías favoritas, hojeamos obras de las que no conocemos siquiera el nombre, pero que poseen “ese algo” que nos atrae y nos orilla a llevarlas con nosotros a casa. A veces puede ser una biografía, un libro de ensayos, una antología de cuentos o, en ocasiones, también podemos guiarnos por la estética de la portada.

En esta ocasión me interesa platicarles un poco acerca de un libro que desde hace tiempo me ha interesado. Este libro lo encontré en una librería de viejo, precisamente de una manera fortuita: me llamaba la atención todo lo que en este pequeño ejemplar podía hallar. Es un texto particular dentro de las letras mexicanas, porque en realidad funge más como un pequeño baúl literario de citas. Me refiero a El libro de la imaginación de Edmundo Valadés.

Valadés fue un autor mexicano. Nace en 1914 en Guaymas, Sonora. Desde muy joven se interesa por el mundo de la literatura. Algunos amigos cercanos comentan que, ya desde adolescente, Valadés se dedicaba con fervor a la lectura de los clásicos literarios universales: Dostoievski, Proust, Dante, Tolstoi formaban parte de su biblioteca personal. Esta vena literaria lo llevaría a estudiar periodismo. El periodismo fue siempre una de sus más grandes pasiones. De hecho, él siempre defendió la idea de que la escritura periodística era un arte y que ésta no se hallaba muy lejos de la calidad que exige cualquier otro texto literario. Fue reportero de diferentes periódicos nacionales, tales como Hoy y Novedades. En este último se convertiría en director editorial.

El arduo trabajo de Valadés lo llevó a convertirse en el presidente de la Asociación de Periodistas Cinematográficos de México. Su escritura también le otorgó varios premios de renombre, tales como la medalla Nezahualcóyotl (otorgada por la Sociedad General de Escritores de México) y el premio Rosario Castellanos (reconocimiento otorgado por el Club de Periodistas de México). Como se aprecia, Edmundo Valadés fue un distinguido practicante de su oficio.

Sin embargo, la importancia de Valadés va más allá del periodismo. En realidad, lo que suele distinguir a este escritor fue su profundo amor por la narrativa breve, es decir, por el cuento. Valadés no solamente era un lector asiduo de este género literario, sino que también fue un maestro comprometido de la narrativa breve. Entre algunos de sus alumnos del taller de escritura destacan José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis. A Valadés lo que le parecía fascinante del cuento era la posibilidad de contener todo un universo dentro de una forma breve. Era amante, también, del aforismo por la capacidad que tiene esta minúscula forma de expresar toda una máxima vital en pocas líneas.

Este amor por el cuento lo lleva a fundar una revista literaria muy importante en nuestro país. La revista se titulaba El Cuento. Edmundo Valadés la dirigió hasta su muerte (1994) y la revista compiló más de 110 números.  La importancia de este espacio literario radicaba en el hecho de que Valadés se interesaba en difundir la obra de autores poco reconocidos en el panorama de las letras mexicanas y latinoamericanas. En este punto es válido mencionar que el cuento como género le debe muchísimo a este escritor sonorense.

Así entonces Valadés se encargó de difundir, con la generosidad que lo caracterizaba, la obra de múltiples autores. En la revista El Cuento también se llegaron a publicar traducciones de cuentos en otras lenguas.

Edmundo Valadés

Mientras el escritor nacido en Guaymas se dedicaba a cultivar este espacio literario, también se encargaba de escribir relatos de su propia autoría. Su obra es en realidad muy breve, tal vez porque consideraba que la perfección solamente se alcanza a través de la concreción poética. Testimonio de su creatividad lo podemos hallar en dos de sus obras más representativas: La muerte tiene permiso y El libro de la imaginación

Esta segunda obra, El libro de la imaginación, es uno de esos libros a los que solemos acercarnos por curiosidad, debido a que no es realmente muy conocido. Al inicio he mencionado que es un texto particular dentro de las letras mexicanas. Es particular por el hecho de tratarse de un ejercicio de coleccionista. No es una obra en la que hallemos un hilo narrativo claro, como sucede con las novelas. Esta obra de Valadés es más bien un baúl de citas, aforismos, extractos de relatos o de novelas, de dichos, etc. Es un espacio en el que Valadés compiló todos aquellos retazos de textos que le resultaban interesantes. Es un libro recomendable si lo que uno busca es conocer a cientos de autores a través de una cita concreta.

Esta obra es una verdadera delicia literaria. La magia y la importancia de esta obra pueden entenderse desde dos perspectivas: la primera radica en que, gracias a este libro, el lector podrá tener la posibilidad de conocer a diferentes autores, ya que al ser una compilación variopinta podrá indagar en los pensamientos de Séneca o de Cicerón, pero también podrá conocer los de Julio Cortázar o Gabriel García Márquez. La multiplicidad es una de las claves que permite entender este libro. Y la segunda perspectiva radica en que través de esta obra podemos conocer esa otra faceta del autor de La muerte tiene permiso: la de lector. A través de los temas que conforman cada una de las secciones de El libro de la imaginación, el lector tiene la posibilidad de asomarse a ese mundo que los ojos de Valadés vieron: ¿cuáles eran los temas que lo atraían? ¿a qué autores recurría continuamente? ¿cuáles fueron algunas de las obras clave que posiblemente se cristalizarían en su narrativa?

Es una obra, así mismo, muy generosa porque nos permite conocer fragmentos de obras memorables en un afán por antojarnos. Considero que puede ser un libro muy interesante para llevarlo de viaje con nosotros. No necesitamos más que hojearlo al azar para encontrarnos con alguna cita que, posiblemente, cambie el curso del día. Podemos leerlo como una especie de catálogo que nos permite acercarnos a autores que quizás no conoceríamos de otra forma, o bien, nos permite ahondar en alguna frase célebre de uno de nuestros autores favoritos.

Sin lugar a dudas merece la pena asomarse a la obra de este “fanático de la brevedad”, como no en vano lo llamó su alumno José Emilio Pacheco, pues no solamente es uno de los pilares de nuestra narrativa, sino que también es uno de los eternos defensores de lo legítimo y loable que existe en la lectura.

 

Breve glosario para enriquecer la lectura

  • Aforismo: es una frase o sentencia breve que pretende expresar un principio de manera concisa.
  • José Emilio Pacheco: fue un poeta mexicano (1939-2014) reconocido a nivel mundial. Cultivó prácticamente todos los géneros literarios, destacando en el ámbito de la traducción. Era un traductor afamado de poetas en lengua inglesa. Obtuvo el premio Cervantes (máximo galardón en lengua española) en el 2009. Entre sus obras destacan: Las batallas en el desierto y El principio del placer.
  • Carlos Monsiváis: fue un escritor mexicano (1938-2010) que cultivó con afán la crónica. También fue un periodista reconocido. Se interesó, particularmente, por el cine mexicano de los años cincuenta. Obtuvo diversos reconocimientos, tales como el premio Xavier Villaurrutia. Entre sus obras destacan: Escenas de pudor y liviandad y Por mi madre, bohemios.

 

 

Agradecemos la aportación de este texto a su autora Amelia González: egresada de la carrera en Lengua y Literaturas Modernas italianas, UNAM. Apasionada del mundo de los libros. Traductora y revisora de textos, así como también profesora de italiano y de inglés. Apasionada, también, de la lectura de cualquier género literario.

Facebook: Amelia Montserrat Hernández González. Twitter: @AmeliaBacana. Mail: manzanamacondo@gmail.com